» Viaje al “Infierno del Norte”
Aunque en España la principal atención de los medios de comunicación es hacia las grandes vueltas, sobre todo Tour y Vuelta, hay otras carreras tanto o más interesantes. Me refiero a las grandes clásicas del ciclismo. Hace ya dos años, en 2003 unos socios del club, junto con unos amigos de la Peña Chechu Rubiera de Llanera, nos propusimos viajar hasta el norte de Francia, rozando Bélgica, para conocer en directo la Paris - Roubaix, seguramente la clásica más prestigiosa (280 km, con unos 50 km de pavés).

Rápidamente organizamos un viaje. Alquilamos un coche y conducimos toda la noche hasta París. Ese día le dedicamos entero a visitar Paris. Luego, al anochecer seguimos en el coche hasta Compiegne, ya que la carrera no sale de Paris capital. Y al día siguiente, llegó el día grande. Nos levantamos temprano y nos acercamos a la salida de la carrera, la cual casi no está vigilada, por lo que te puedes acercar tranquilamente a todos los ciclistas para fotografiarte con ellos. Una vez visto esto, rápidamente cogimos el coche y nos fuimos hasta un pueblecito llamado Troisvilles. Allí, a la salida del pueblo, tras 100 km. de desgaste, los ciclistas hallan el comienzo del verdadero infierno: empiezan los tramos adoquinados. La verdad es que es una imagen espectacular el ver a todos los corredores entrar en el tramo a toda velocidad, buscando una buena colocación para no perder antes de tiempo cualquier opción de victoria. Además, ese año hacía muchísimo que no llovía por aquellas tierras, y el polvo que levantaban las motos y los coches, además de los propios ciclistas, acababa de completar el espectáculo (foto 1).
Sin apenas digerir lo que habíamos visto, nos metimos en el coche y fuimos a ver el tramo más famoso de esta carrera: El Fôret de Arenberg. Aunque está todavía lejos de meta (a unos 100 km.), en este tramo se suele hacer una gran selección por su dureza, ya que los adoquines están bastante separados unos de otros, lo que lo convierte en peligrosísimo si encima está mojado. Una vez que pasaron todos los corredores y atónitos por el espectáculo que estábamos viendo, nos dirigimos hacia el último tramo que íbamos a ver de la carrera. Por poco creíamos que no llegábamos, ya que esto mismo que hicimos nosotros lo suelen hacer bastantes aficionados y el atasco en la autovía era inmenso. Con bastante suerte, llegamos hasta el Carrefour de L'Arbre, tramo de 2400 m. A tan solo 15 km. meta. Aquí, todo aquel que todavía conserva algo de fuerza, intenta dar el zarpazo definitivo a la carrera, y mientras los primeros corredores, los que conservan alguna opción de victoria, parecen levitar sobre el pavé, los traseros pasan muy retrasados y bastante tienen con guardar el equilibrio (foto 2). Una vez visto el paso de los primeros, nos juntamos allí con toda la afición flamenca, que suelen llevar televisiones para ver allí mismo el final de carrera. Resultaba bastante "chocante" la rivalidad que había entre los partidarios de Johan Museeuw y los de Peter Van Petegem (quizá los mejores clasicómanos del mundo). Cuando ganó Van Petegem aquella gente lo celebró por todo lo alto allí mismo.

Una vez acabada la carrera , ya de regreso a España, visitamos el castillo de Chambord. Era el complemento perfecto del viaje.
Como el viaje dejó muy buen sabor de boca, el año pasado repetimos. Pero esta vez más días. En vez de hacer la excursión de viernes noche a lunes noche, la hicimos de miércoles noche a lunes noche, ya que la carrera coincidía con Semana Santa. El jueves, cuando llegamos a tierras francesas, decidimos hacer con el coche el recorrido de la carrera, ya que estaba perfectamente señalado. La verdad, es indescriptible cómo bota el coche en los tramos de pavés, y lo fácil que es dejarte los bajos en cualquier piedra que sobresalga un poco. Fuimos poco a poco, parando en los sitios donde merecía la pena sacar una foto, así hasta llegar a Roubaix y visitar su velódromo, final de la carrera (fotos 3 y 4).
Los siguientes días, nos dedicamos a hacer turismo: Gante, Brujas, Bruselas y Compiegne.
Este año los flamencos estaban mucho más "tristes": Sus grandes ídolos, Museeuw y Van Petegem habían sufrido sendos pinchazos que les dejaron sin opciones de victoria. Esta fue para el sueco Magnus Backstedt.

En la presente temporada nuestra idea es conocer otra gran clásica: El Tour de Flandes y para el próximo año, quizás la Milán - San Remo, ya que que si no cambian el calendario coincidirá con Semana Santa. Si algún socio estuviese interesado en ver alguna de estas clásicas puede ponerse en contacto con David García (639006996).


David García
Socio del C.C.L.

 

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