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LA ALIMENTACIÓN DEL CICLISTA
Dado que el ciclismo es uno de los deportes que exigen mayor consumo
energético, una correcta alimentación y una buena
hidratación se perfilan como imprescindibles para poder explotar
al máximo las capacidades del corredor profesional y, por
extensión, también las de cualquier aficionado al
deporte del pedal.
ANTES
Previamente
al comienzo de la carrera o etapa (unas dos horas antes), el deportista
debe tomar un desayuno que no resulte excesivo, pero que contenga
suficientes hidratos de carbono que son, a la postre, los que aportarán
la energía a consumir durante la prueba. Pan, mantequilla,
quesos suaves, fiambres, arroz, cereales y fruta son los más
recomendados para esta fase.
DURANTE
Las temibles “pájaras” son debidas casi siempre
a la falta de reservas de glucógeno muscular. En orden a
evitar estos bruscos bajones de rendimiento, es prioritario realizar
los avituallamientos previstos para reponer los hidratos de carbono
necesarios. Barritas energéticas, pastelitos y queso son
los alimentos ingeridos normalmente en estas situaciones. En cuanto
al apartado de líquidos, la rehidratación debe ser
constante, sobre todo si el calor aprieta. Lo ideal sería,
si la situación de la carrera lo permite, beber aproximadamente
un litro por hora de agua con sales o compuestos de azúcar
que son rápidamente absorbidos por el organismo.
DESPUÉS
Inmediatamente a la finalización de la jornada, el ciclista
deberá comenzar a ingerir sólidos y líquidos
con un alto índice glucémico que permitan recuperar
lo más pronto posible el nivel de glucógeno muscular.
De nuevo los hidratos de carbono, auténticos reyes de la
alimentación ciclista, se imponen como imprescindibles para
paliar la degradación proteica normal sufrida durante el
esfuerzo: dulces, azúcar y zumos de frutas (en un primer
instante) y pasta, arroz, pan y patata (en una segunda fase) son
los productos idóneos para estos momentos. |