» Historia de la bicicleta (4)

En anteriores números de “Piñón Libre” hemos dado un somero repaso a la cambiante historia de nuestra querida bicicleta, desde sus primeros balbuceos allá por el siglo XVIII hasta la sofisticación de nuestros días, con la irrupción de novísimos materiales y atrevidos diseños. En este largo y azaroso camino hemos visto al inicialmente tosco velocípedo, como si de una especie en evolución se tratara, desarrollando pedales, frenos y toda clase de accesorios y aditamentos que hoy en día consideramos inherentes al inefable vehículo. Al hilo de toda esta espectacular mutación, ¿cómo será la bicicleta del mañana? En este último capítulo intentaremos ejercer de adivinos para tratar de entrever el futuro del que se ha dado en llamar “el más popular medio de transporte del mundo”.

EL FUTURO

La primera consideración que debemos tener en cuenta es que una buena parte de las innovaciones incorporadas en la bicicleta, tanto en el pasado como en la actualidad, han incidido más en el aspecto estético que en el puramente práctico, y todo parece indicar que, en gran medida, esto va a seguir siendo así en el futuro: los diseños más o menos espectaculares seguirán liderando los cambios, sin que quepa esperar, al menos a corto plazo, grandes novedades en el apartado mecánico. Únicamente la incorporación de materiales cada vez más novedosos y ligeros supondrá una mejora “real” en las prestaciones de la bici. Por lo demás, al menos en el apartado profesional, las intentonas de revolucionar el mundo de las dos ruedas chocan muy a menudo con la restrictiva normativa de la U.C.I. (Unión Ciclista Internacional), que aboga claramente por conservar la morfología tradicional de la bicicleta, aceptando con cuentagotas los cambios sugeridos por los fabricantes. Recordemos que en 1999, este Organismo decidió no homologar los récords de la hora conseguidos sobre futuristas velocípedos por Moser, Indurain, Rominger y Boardman, recuperando entonces la añeja marca de Eddy Mercx del año 72 (superada posteriormente por el propio Boardman en el año 2000). También es de señalar la negativa de la Unión a aceptar las bicicletas reclinadas, aún cuando se demostró sobradamente su supremacía respecto a las clásicas, en pruebas donde ciclistas aficionados sobre estos novedosos vehículos batieron con suficiencia a profesionales que montaban bicicletas convencionales.

Vistas así las cosas, la revolución tecnológica seguirá siendo más patente en la bicicleta de montaña, auténtico “banco de pruebas” en lo que a novedades mecánicas se refiere. Parece poco probable que incorporaciones suficientemente probadas en las BTT, como la suspensión y los frenos de disco, pasen a sus hermanas de carretera, debido principalmente al incremento de peso que conllevan y a la escasa mejoría que su implementación supondría respecto a los sistemas tradicionales. Otra “asignatura pendiente” de la bicicleta de carretera son los neumáticos. El sistema clásico, tanto de tubulares como de cubiertas, está claramente obsoleto, y lo más normal será que el “tubeless”, todavía en sus primeros balbuceos, se imponga finalmente.

Parece también previsible que los cambios de marchas, tal y como hoy les conocemos, desaparezcan de la bicicleta: habrá sólo un plato y un piñón, incorporándose las multiplicaciones en el interior del carrete trasero, con un sistema muy similar a las cajas de cambio de los automóviles. De hecho, este sistema ya hace años que está siendo comercializado en bicicletas de paseo, en las que incluso ha desaparecido la cadena, efectuándose la transmisión mediante un cardán, lo que repercute en un evidente abaratamiento en lo que a mantenimiento y desgaste de piezas se refiere. Otros medios, como el rotor o los platos ovalados, que no han acabado de cuajar entre aficionados y profesionales, parecen destinados al olvido.

Pero, con todo, el motor de la bici seguirá siendo el ciclista, su corazón y sus piernas. El esfuerzo, la superación personal y nuevos métodos de entrenamiento físico y psicológico formarán parte también en el futuro de la evolución de nuestra entrañable bicicleta.

Ante este modelo tan futurista, la primera duda que surge es: ¿dónde se sienta uno?


 

 

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