| EL FUTURO
La
primera consideración que debemos tener en cuenta es que
una buena parte de las innovaciones incorporadas en la bicicleta,
tanto en el pasado como en la actualidad, han incidido más
en el aspecto estético que en el puramente práctico,
y todo parece indicar que, en gran medida, esto va a seguir siendo
así en el futuro: los diseños más o menos espectaculares
seguirán liderando los cambios, sin que quepa esperar, al
menos a corto plazo, grandes novedades en el apartado mecánico.
Únicamente la incorporación de materiales cada vez
más novedosos y ligeros supondrá una mejora “real”
en las prestaciones de la bici. Por lo demás, al menos en
el apartado profesional, las intentonas de revolucionar el mundo
de las dos ruedas chocan muy a menudo con la restrictiva normativa
de la U.C.I. (Unión Ciclista Internacional), que aboga claramente
por conservar la morfología tradicional de la bicicleta,
aceptando con cuentagotas los cambios sugeridos por los fabricantes.
Recordemos que en 1999, este Organismo decidió no homologar
los récords de la hora conseguidos sobre futuristas velocípedos
por Moser, Indurain, Rominger y Boardman, recuperando entonces la
añeja marca de Eddy Mercx del año 72 (superada posteriormente
por el propio Boardman en el año 2000). También es
de señalar la negativa de la Unión a aceptar las bicicletas
reclinadas, aún cuando se demostró sobradamente su
supremacía respecto a las clásicas, en pruebas donde
ciclistas aficionados sobre estos novedosos vehículos batieron
con suficiencia a profesionales que montaban bicicletas convencionales.
Vistas así las cosas, la revolución tecnológica
seguirá siendo más patente en la bicicleta de montaña,
auténtico “banco de pruebas” en lo que a novedades
mecánicas se refiere. Parece poco probable que incorporaciones
suficientemente probadas en las BTT, como la suspensión y
los frenos de disco, pasen a sus hermanas de carretera, debido principalmente
al incremento de peso que conllevan y a la escasa mejoría
que su implementación supondría respecto a los sistemas
tradicionales. Otra “asignatura pendiente” de la bicicleta
de carretera son los neumáticos. El sistema clásico,
tanto de tubulares como de cubiertas, está claramente obsoleto,
y lo más normal será que el “tubeless”,
todavía en sus primeros balbuceos, se imponga finalmente.
Parece también previsible que los cambios de marchas, tal
y como hoy les conocemos, desaparezcan
de la bicicleta: habrá sólo un plato y un piñón,
incorporándose las multiplicaciones en el interior del carrete
trasero, con un sistema muy similar a las cajas de cambio de los
automóviles. De hecho, este sistema ya hace años que
está siendo comercializado en bicicletas de paseo, en las
que incluso ha desaparecido la cadena, efectuándose la transmisión
mediante un cardán, lo que repercute en un evidente abaratamiento
en lo que a mantenimiento y desgaste de piezas se refiere. Otros
medios, como el rotor o los platos ovalados, que no han acabado
de cuajar entre aficionados y profesionales, parecen destinados
al olvido.
Pero, con todo, el motor de la bici seguirá siendo el ciclista,
su corazón y sus piernas. El esfuerzo, la superación
personal y nuevos métodos de entrenamiento físico
y psicológico formarán parte también en el
futuro de la evolución de nuestra entrañable bicicleta.

Ante este modelo tan futurista, la primera
duda que surge es: ¿dónde se sienta uno?
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