» Dopaje: una carrera sin meta

En el Tour de 1998, el caso Festina destapó la "caja de los truenos" de un asunto que llevaba bastante tiempo insinuándose tras las bambalinas del ciclismo: el "doping". A partir de entonces, términos como "EPO" o "vampiros" comenzaron a ser tristemente populares entre el gran público. Hoy en día, en los círculos más allegados a este deporte, se ha llegado incluso a hablar de "ciclismo de dos velocidades", según sea éste practicado con o sin la ayuda de sustancias prohibidas. Más recientemente, el positivo de Roberto Heras en la Vuelta 2005 ha vuelto a poner en primera plana este polémico y delicado tema.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Independientemente de que sea en la actualidad cuando el dopaje ha adquirido triste protagonismo, su existencia data de siglos atrás. Hay referencias de su uso en los antiguos Juegos Olímpicos de la Grecia clásica; también en la América precolombina, los incas masticaban hojas de Erythoxylo Coca para aumentar su rendimiento en la caza o el combate. En la China anterior a Jesucristo se consumían sustancias obtenidas de plantas como la Ephedra para mantenerse "despiertos y vivos". Incluso los caballos del emperador romano Calígula eran alimentados con hidromiel para incrementar su resistencia. En el terreno mitológico, se cuenta que los temibles vikingos potenciaban su agresividad para la lucha mediante la bufoteína extraída del hongo Amanita Muskaria. Más recientemente, ya en los inicios de la época moderna del olimpismo, la ausencia de controles y penalización sobre el dopaje permitía que muchos atletas se estimularan con la ingesta de alcohol o la inyección de estricnina.

EL CICLISMO, EL MÁS PERSEGUIDO
Siempre ha sido el ciclismo uno de los deportes más controlados en el sentido de la administración de sustancias prohibidas. Antiguamente, los análisis se limitaban a la orina; paradójicamente, fue la Asociación de Ciclistas profesionales la que solicitó que dichos controles fueran practicados sobre la sangre de los deportistas, como un medio de conocer y valorar su estado óptimo de salud. Este tipo de análisis puede descubrir el consumo de sustancias que, básicamente, son administradas para ayudar artificialmente a la recuperación del organismo. La más usada es la Eritropoyetina (la popular E.P.O.), que en realidad no es más que un medicamento destinado a la creación artificial de glóbulos rojos, lo que provoca una mejor oxigenación de la sangre y, por tanto, mayor rendimiento y más pronta recuperación. Dicho así, parecería que tal compuesto químico resulta beneficioso, pero ¿cual es el riesgo? Los glóbulos rojos, acumulados en exceso, densifican la sangre, convirtiéndola en un fluido muy espeso que puede provocar trombos con fatales consecuencias. Aunque la EPO no deja rastros en el torrente sanguíneo, los ciclistas con porcentajes de hematíes por encima de lo permitido son apartados de la competición como medida para salvaguardar su salud. A pesar de todo esto, la mayoría de los positivos por EPO son debidos a fallos en el control médico del equipo infractor, ya que existen sustancias que pueden hacer descender el porcentaje de glóbulos rojos del 59 al 50 en pocos minutos. En todo caso, lo cierto es que el dopaje suele ir por delante de los controles establecidos en su contra: a menudo sucede que, cuando se descubren los medios para identificar alguna sustancia no permitida, el pelotón ya está usando otra más novedosa e indetectable. Las trampas y añagazas de médicos poco escrupulosos son el pan de cada día: sirva como ejemplo que, en el Tour de 2004, el Consejo de Prevención y Lucha contra el Dopaje francés declaró que "en los 38 análisis hechos se encontraron sustancias prohibídas y todos los corredores tenían una justificación terapéutica para su consumo". En total, hubo 79 corredores (casi la mitad de los participantes) que presentaron justificantes médicos para no incurrir en "doping". Otro caso tan curioso como sospechoso es que, de repente, todos los ciclistas se declaren asmáticos y necesiten usar el famoso "ventolín", que aumenta la capacidad pulmonar. Algunos se pasaban horas con la mascarilla puesta, inhalando el popular producto.

¿POR QUÉ SE DOPAN LOS CICLISTAS?
La respuesta es obvia: la presión social. Cada vez se exige más al deportista, y el público no parece estar dispuesto a esperar mucho para ver los resultados. La vida deportiva de un ciclista es relativamente breve, y tanto patrocinadores como aficionados demandan triunfos a corto plazo. Como consecuencia de todo esto, el corredor pierde confianza en sus posibilidades y acepta la ayuda de estimulantes como un medio de rendir más y más pronto. A todo esto hay que añadir señuelos como la fama y, sobre todo, el dinero. Las cifras que se manejan en la alta competición son elevadas, y los "sponsors" por un lado y los propios ciclistas por otro, quieren rentabilizar al máximo su aportación al deporte. La influencia del entorno del corredor (entrenadores, médicos, directivos, empresarios...) es, asimismo, decisiva. La coacción que ejercen sobre el deportista es muy grande y, finalmente, si el dopaje es descubierto, es éste quien suele quedar como "el malo de la película". También es de justicia reconocer que la dureza de los recorridos, a menudo excesiva y solamente buscando una mayor espectacularidad o dramatismo, coadyuva a que las drogas sean un recurso harto frecuente en el sufrido pelotón.

EL AUTÉNTICO PELIGRO DEL DOPAJE
Evidentemente, todo aquel que se dopa incurre en un riesgo, pero éste es mucho mayor fuera del profesionalismo. Los ciclistas de élite son diariamente controlados por equipos médicos profesionales y competentes, de manera que pocas veces se "pasan de la raya" en lo que a su salud se refiere. El mayor problema está en el ciclismo de base y aficionado, donde el consumo de cócteles estimulantes crece cada día, y aunque hay que decir que la posible influencia de estos preparados sobre el rendimiento del consumidor es mínima o inexistente, la euforia o autosugestión que provocan puede llevar al organismo a un sobreesfuerzo más allá de sus límites normales, con las consecuencias que ello acarrearía. Por otro lado, la mayoría de las sustancias utilizadas por los profesionales están destinadas a ayudar a resolver algún déficit en su organismo y mejorar su rendimiento, mientras que en el campo amateur se usan otras más baratas y fáciles de conseguir, desconociéndose muy a menudo sus posibles efectos adversos a corto o largo plazo: problemas coronarios, hepáticos y hasta cáncer de estómago.

CONCLUSIONES
Aún contando con el atenuante de las presiones sobre él ejercidas, el responsable final del dopaje es el propio deportista, y de él depende que el deporte en general y el ciclismo en particular represente una actividad saludable sin sobrepasar las limitaciones físicas del propio cuerpo. El consumo de drogas y sustancias artificiales destinadas a impostar unas cualidades más allá de las capacidades naturales del corredor representa, por lo pronto, una deslealtad y falta de respeto hacia sus propios rivales, un embuste de cara a la galería y un evidente peligro para su integridad física, aunque éste no se manifieste de forma inmediata. El ser humano busca con denuedo hacer honor a la secular leyenda olímpica: "más alto, más rapido, más lejos...", pero cabe preguntarse ¿a cualquier precio?

MANIPULACIÓN GENÉTICA ¿EL DOPAJE DEL FUTURO?
La investigación en el terreno genético permite entrever que éste será un terreno abonado para incrementar artificiosamente las prestaciones del cuerpo humano en el deporte. Los controles convencionales que hoy conocemos serán incapaces de detectar este tipo de alteraciones, aunque cabe pensar que, paralelamente al proceso investigador de la manipulación genética, se desarrollen medios igualmente avanzados para detectarla. De todas formas, esto no será algo totalmente nuevo: en el pasado, y antes del "boom" de los compuestos sintéticos destinados a tal fin, los médicos de algunos equipos ciclistas solían concentrar a sus corredores en zonas de gran altura durante el invierno, aumentado así de forma natural su nivel de hematíes. Posteriormente, les extraían sangre y la congelaban, inyectándosela durante la temporada cuando las exigencias de la competición se endurecían. Como se ve, una forma primitiva y un tanto rudimentaria de "intervención genética".

 

 
 
 
 
 
 
 
 

 

- Piñón Libre - Revista oficial del Club Ciclista León -